Lorca en Cuba y su fugaz paso por Santiago

LorcaEn el GRUPO24HORAS recuperamos hoy un artículo publicado en Granma el 20 de Agosto de 2006 bajo el título Lorca en su tiempo cubano

Desde el 7 de marzo al 12 de junio de 1930 residió en Cuba el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca. Llegó a La Habana invitado por el sabio Fernando Ortiz, entonces presidente de la Institución Hispanoamericana de Cultura.

En marzo, Ortiz se hallaba en Nueva York con su proyecto de realizar estudios sobre los negros del barrio de Harlem. En una oportunidad le fue presentado el poeta por los intelectuales españoles Federico de Onís y Fernando de los Ríos, quienes impartían clases en la Universidad de Columbia.

Ortiz lo invitó a ofrecer conferencias en la Isla y García Lorca salió de Nueva York por tren hacia Tampa y el 6 de marzo se embarcó en el ferry Cuba, que arribó a los muelles de La Habana al día siguiente. Fueron a recibirlo su amigo José María Chacón y Calvo, Rafael Suárez Solís, Félix Lizaso y Santiago Guardiola, administrador de la Hispanoamericana de Cultura.

Durante este periplo cubano Lorca se presentó en el Teatro Principal de la Comedia con cinco conferencias; una en Sagua la Grande, otra en Caibarién, dos en Cienfuegos y una en Santiago de Cuba.

El domingo 9 de marzo, el autor de El público fue presentado a los socios de la entidad presidida por Ortiz. Disertó sobre «La mecánica de la poesía», tema que abordaría también en Sagua la Grande y Cienfuegos. En La Habana, donde fue saludado aquel domingo por importantes personalidades, hablaría después sobre el poeta gongoriano del siglo XVII, Pedro Soto de Rojas, las canciones de cuna españolas, la imagen poética de Luis de Góngora y el cante jondo. Tanto interés iba despertando la presencia de Lorca en Cuba, que las filiales de la Hispanoamericana de Cultura demandaban de Juan Marinello, quien sustituía a Ortiz en sus funciones, contar con el escritor.

La familia de Lorca guardó con verdadero celo los documentos del poeta, hasta los más insignificantes, aún antes de su fusilamiento. Entre estos se hallaba el boleto de los Ferrocarriles Consolidados de Cuba, ponchada la fecha de su salida de La Habana para Santiago de Cuba el 31 de mayo de 1930.

Fue a recibirlo a la estación el doctor Max Henríquez Ureña, presidente de la filial. Según afirmó Camila Henríquez Ureña, su hermano Max lo condujo a su casa de Vista Alegre para que su padre, el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, lo atendiera, pues Federico se sentía indispuesto.

Max, que era entonces director de la Escuela Normal para Maestros de Oriente, habilitó dos salas y se improvisó un salón donde el autor de Mariana Pineda disertó sobre «La mecánica de la poesía». El propio Max presentó al conferencista.

Se deduce que el poeta pudo arribar a Santiago el mismo día 31 y que su conferencia la dio el 1ro. o el 2 de junio, porque el 3 llegaba a Santa Clara procedente de Santiago. El duende había desaparecido, pues algunos afirmaban que Lorca había ido a Santiago «en un coche de aguas negras«. El mito había concluido.

Sobre dónde Federico escribió su famoso son, todavía existen versiones contradictorias. Antonio Quevedo y María Muñoz, quienes lo publicaron por primera vez en la revista Musicalia, afirmaban que lo había compuesto en La Habana y dedicado a Fernando Ortiz en abril de 1930.

Este son ha inmortalizado a su autor, le ha dado la vuelta al mundo, por su cadencia, su ritmo cubano, su estilo peculiar. Simboliza la inspiración del poeta por la Isla caribeña que amó.

Según opina Ian Gibson, biógrafo de Lorca, cree que al poeta lo fusilaron en la madrugada del 18 de agosto de 1936 en Fuente Grande, entre Viznar y Alfacar, Granada. Federico García Lorca pertenece a la vanguardia del siglo XX. Lo asesinaron alevosamente los fascistas porque siempre estuvo comprometido con la causa del pueblo español.

NYDIA SARABIA
http://www.granma.cubaweb.cu/2006/08/20/nacional/artic01.html

NOTA:

La inmortalidad de Federico García Lorca

Por Teresa Torres
http://www.somosjovenes.cu/index/semana26/lorca.htm

Prácticamente al comienzo de la Guerra Civil española, el 18 de agosto de1936 el franquismo fusiló al pie de un olivo, en el municipio de Granada, a Federico García Lorca, uno de los poetas más populares de la lengua española. Varios poemas, su desenfadada homosexualidad y la firma del Manifiesto a favor del Frente Popular, que ganó las elecciones ese año, fueron los motivos que alegaron los asesinos.

Hijo de un hacendado y una maestra que le enseñó a tocar el piano desde niño, el también dramaturgo nació en 1898 en Fuente Vaqueros (Granada, España); estudió con jesuítas e intentó graduarse de Derecho en la universidad, pero abandonó la academia para dedicarse a la literatura, la pintura y la música.

Entre 1919 y 1928 Lorca vivió en la Residencia de Estudiantes, de Madrid, un centro importante de intercambios culturales, donde entabló amistad con el pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y el también poeta Rafael Alberti, entre otros, a quienes cautivó con su talento. Viajó a Nueva York y Cuba en 1929-30, luego regresó a España y escribió obras teatrales que le concedieron fama. Sus primeros poemas quedaron recogidos en “Libro de poemas” (1921); un año después organizó con el compositor Manuel de Falla, el primer festival de cante jondo, y ese mismo año escribió precisamente el “Poema del cante jondo”, aunque no lo publicaría hasta 1931.

El “Primer romancero gitano” (1928) es un ejemplo genial de poesía compuesta a partir de materiales populares, y ofrece una Andalucía de carácter mítico por medio de metáforas deslumbrantes y símbolos como la luna, los colores, los caballos, el agua, o los peces, destinados a transmitir sensaciones donde destacan con fuerza el amor y la muerte. El popular poeta encontró en el arte del pueblo una respuesta a la desolación de la vida moderna: andaluces y gitanos vivían al margen de la sociedad conservando sus danzas y canciones, en una perpetua querella contra los representantes del orden.

Tras sus “Poemas en prosa”, el autor concibió en Nueva York un ciclo en el que apuesta por los oprimidos, sin dejar de sacar a relucir sus obsesiones íntimas. Calificados muchas veces de surrealistas, los versos de su obra “Poeta en Nueva York” expresan el horror ante la falta de raíces naturales, la ausencia de una mitología unificadora o de un sueño colectivo que den sentido a una sociedad impersonal, violenta y desgarrada.

Lorca está frente a una ciudad y una sociedad hecha de acero y finanzas, que se hunde en el gran derrumbe del capitalismo. Nueva York es para el poeta símbolo infernal del siglo XX, “máquina destructora de la conciencia, devoradora del ser, … donde nadie parece ser y donde un día todo estará al revés: ¡Qué esfuerzo!/ ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!/ Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!/ ¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!/ ¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!… Un día / los caballos vivirán en las tabernas / y las hormigas furiosas / atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de / las vacas”.

El amor, la muerte y la infancia, así como las tradiciones españolas fueron también temas recurrentes en la obra del escritor, exponente de una marcada capacidad creativa, de poder de síntesis y de una facultad natural para captar, expresar y combinar la mayor suma de resonancias poéticas, sin esfuerzo aparente. Federico García Lorca es quizás el poeta y dramaturgo español más famoso del siglo XX, y uno de sus artistas supremos.

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