El Caribe que nos une

Para centrar la realidad del Caribe tomemos ahora la magnífica ponencia que el profesor Cristóbal Díaz Ayala realizó en el transcurso del Primer Congreso Internacional de Música Tropical de Bilbao que tuve el honor de dirigir:

«..el Caribe, como el Mediterráneo, más que un mar, es una cultura que ha sobrepasado sus límites geográficos.

Y si el Caribe geográfico ocupa unos 3.530 km2 y alberga decenas de islas con más de 33 millones de habitantes y contando las costas de los países que, unos trece millones más, el Caribe cultural se extiende hasta donde el hombre caribeño -una variedad del homo-sapiens sintetizada en siglos de cruces entre diversas razas y culturas-, haya plantado su casa y estilo de vivir…

Por muchos siglos, los grandes caminos del mundo fueron los ríos y mares. Y especialmente en tierra americana fueron los ríos y mares.

Y especialmente en tierras americanas, en gran parte deshabitadas y en estado selvático, un mar como el Caribe fue una gran red de carreteras, conectadas al equivalente de una autopista que atravesando el Atlántico, unía a España con América: la Corriente del Golfo.

Poco después del descubrimiento, España y después los demás europeos usaron esta vía como el medio más rápido y seguro de comunicación entre los dos continentes.

Descubren también que el puerto estratégico para este recorrido en su viaje de vuelta está en la costa norte occidental de Cuba, al que llaman primero Puerto de Carenas y después San Cristóbal de la Habana, como la llave del Golfo, no están usando una metáfora poética, sino definiendo una realidad geopolítica.

A medida que pasan años y siglos, más frecuentado es el puerto habanero por las naves que van y vienen de América. Y cuando los ataques incesantes de corsarios piratas y filibusteros obligan a las naves españolas a navegar juntas, se crea la Gran Flota que a partir del siglo XVI sale de Sevilla. La flota se dividía en dos, una se dirigía a México incluyendo los barcos destinados a las Antillas y otra destinada a Cartagena y otros puertos de la América del Sur.

Traen música española, sobre todo canaria y andaluza, que se entremezcla con la que se va produciendo localmente y hay un entrecruzar de melodías traídas y llevadas, de ritmos de golpes de tambores, de nuevos pasos bailables.

Ambas flotas debían invernar en La Habana y regresar en marzo. Había una espera habanera que mezclaba nuevamente el extracto de lo negro, de lo indio y lo español, para producir nuevos sabores musicales en los rústicos establecimientos de la época.

Por supuesto, en el regreso a España, llevaba la Gran Flota elementos musicales; así llega la Sarabanda, entre otros ritmos, y así se constituye ese tesoro cultural que son los cantos de ida y vuelta.

Quizás el más famoso de ellos sea La Habanera, tomado de la Danza cubana, convertida en Europa, primero en Danza Habanera, no cubana, porque lo importante y conocido no era Cuba, sino La Habana, y después, abreviadamente en Habanera.

El primer «best seller» del Caribe

Evoquemos la más famosa de las Habaneras, el primer «best seller» de la música cubana como la llamara Alejo Carpentier, escrito por un vasco, Sebastián Iradier. Su golpe ritmítico es llamado onomatopéyicamente, «café con pan», con el acento fuerte en el último compás; este ritmo aparece en otros géneros caribeños.

En fin, que estos sabios propagandistas musicales, marineros, soldados, estibadores, armadores, fueron los técnicos de esta alquimia….

…El Caribe sí logró construir una torre de Babel cultural, de la que música y baile fueron sus materiales esenciales.»

La fusión de razas y culturas creó una nueva identidad multicultural en el Caribe.

Díaz Ayala resume: «Jamás ha tenido la humanidad la oportunidad de desarrollar durante siglos, un contacto tan vital, directo, heterogéneo, proteico entre seres de diversas razas, religiones, idiomas y costumbres, del que el principal producto cultural fuera la música y el baile, pero del que se beneficiaron, pintura, escultura, cerámica y todas las artes.

Si América, desde mediados del siglo XIX, especialmente en su realidad caribeña ha sido incesante productora de ritmos, géneros y novedades musicales que han bailado y cantado gentes del mundo entero, se debe en gran parte a este gigantesco laboratorio que ha sido y sigue siendo el Caribe.»

Por Antonio Mora de su libro DE ORILLA A ORILLA

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